
Un collar maldito. Una reina enloquecida. Un guardián que ya no puede contenerlos.
Tallado en plata vieja y sellado con sangre real, el collar fue forjado por brujas de los Cárpatos para burlar la frontera entre la vida y la muerte. Quien lo coloca sobre un cadáver le devuelve aliento — pero no alma. Lo que regresa nunca es quien se fue.
La Reina lo escondió en las entrañas del castillo cuando comprendió su error. Hoy sigue allí, latiendo, esperando manos lo suficientemente inocentes para despertarlo de nuevo.










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